domingo, 2 de enero de 2011

Diálogos del último día

Personajes: Rafael y José, fumadores, Luis y Serafín, cuñados. El camarero.

Conversación de los cuatro amigos en la barra de un bar. Risas. Cubalibres. Cigarrillos. Es una de esas noches que se celebran más que otras. Son las tres. José, Rafael y el cuñado Serafín ya están fumados y bebidos. Luis pide otra vuelta.



JOSÉ.- Esta noche he salido solo. Hemos cenado, hemos bebido un poco de vino, despedido la puta noche vieja con doce tragos de uva, festejado los regalos —ya os hablaré de Bouvard et Pécouchet— , tomado una copa sin fu ni fa, con poco hielo además. Hice amago de un poco de jolgorio con la música ... ¡Ca! Ni música ni pollas. Despedida, hasta mañana y cierre. He aguantado casi un cuarto de hora delante de la tele: más antigua que el tbo, hasta Bruno Lomas y Los Stop. Así que me puse los zapatos de bajar para abajo, y aquí estoy. (Enarbolando entre los dedos el cigarrillo antes de encenderlo, se dirige al camarero.) Oye, y mañana qué va a pasar, ¿nos vais a echar?


(El camarero se explica: que no va a echar a nadie, que él solito se va a dar cuenta de que nadie quiere que fume, que por educación, o por sentirse incómodo por las miradas, lo apagará o se irá, y que no piensa andar con denuncias ni llamadas a los guardias.)


CAMARERO.- Hay que tener educación (Bendiciendo con la cabeza cada palabra). Con educación, y cumpliendo las leyes, se acaban los problemas.


JOSÉ .- (Al principio de sus palabras, con la risa en la boca y en los ojillos.) Pues yo me cago en la ley Pajín y en la ralea de los mitomandrias esos, y excusadme el desahogo, pero es que aquí no protesta ni dios. ¡Qué aborregamiento y conformidad con los mandamases, cipote, si tanto les importamos, que nos dejen vivir y morir como queramos, y no como ellos manden y dispongan!


SERAFÍN.- En lugar de criminalizar a los fumadores y convertirlos por boe en presuntos culpables, podrían empeñarse nuestros gobernantes en no ser tan excluyentes. La ley Pajín es un apartheid en toda regla. No racial, pero más de lo mismo, segregar a unos, echarlos o no dejarlos entrar en los bares si fuman.


JOSÉ.- Supongo que ahora fumaremos con más ansia, con más prisa aún de lo que ya lo hacemos, y más a escondidas todavía.


RAFAEL.- Otra ocurrencia que faltaba para seguir puteando al personal, y encabronándolo.


CAMARERO.- Por todos sitios; nos están estrujando como a este trapo. Administrándonos muy mal a nosotros y muy bien entre ellos, ¡menudos sueldos y menudas pensiones se costean! (Se va con seis vasos en la mano hacia el extremo de la barra.)


JOSÉ.- Uno no viene al café para saludar al camarero, sino para fumarse un par de cigarrillos. Si no puedo tomarme un café fumando, me quito antes el café que del tabaco. O me lo tomo en mi casa. De ésta, me quito también de los bares, y eso tendré que agradecerle a la Pajín.


SERAFÍN.- Todo es posible, cuestión de acostumbrarse.

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