1933: el recluta Florián Andújar García acude al número 41 de la calle Jara, en Cartagena, para hacerse un retrato de cuerpo entero con su flamante uniforme del Ejército de Artillería y enviársela a sus padres. Forma parte del rito militar. Del rito de la vida.
Lo más probable es que el de Cartagena fuese su primer viaje más allá de la raya de la provincia. El servicio militar era la primera gran experiencia: los mozos volvían ya hombres, habían conocido el mundo. Una vez en el pueblo, buscar una buena mujer, tener hijos trabajadores y dejar correr el tiempo. Ese era el horizonte. La cadena de la vida.
Pero a Florián se le metió una guerra por medio, y luego otra —¿o era la misma?— y no pudo volver a ver las encinas entre las nieblas del otoño ni las jaras en flor.
Las tres fotografías que por ahora he visto de Florián me las dejó su sobrina Toribia. La primera la trajo a casa al día siguiente de nuestra primera entrevista, y me prometió dejarme otras dos más que tendría que encontrar, una de ellas del único hijo de Florián, llamado igual que él.
Hasta ese momento sólo tenía un nombre, unos hechos, unas fechas, pero ningún detalle que me permitiera componer, o suponer, el rostro y la figura del personaje. Guardé copia de aquellas imágenes en el ordenador, pero los duendes de los bits hicieron su trabajo y el archivo desapareció, con el agravante de que no había tenido la precaución de imprimirlas. Hasta el otoño pasado no pude disponer otra vez de las fotografías, aprovechando una visita de la señora Toribia, que esta vez me dejó una nueva fotografía de Florián en Francia.
Además de las partidas de nacimiento y bautismo, en los archivos municipales de Torrecampo encontré la ficha de reclutamiento de Florián y varios documentos en los que constaba su condición de “huido en Francia”.
En la ficha de reclutamiento aparecen anotaciones imprecisas y de distinta mano. En el rincón superior izquierdo, en perpendicular y subrayado, alguien anotó “Nueva 22”, la dirección de la casa familiar. Aprovechando el margen superior, otra mano apuntó “falleció en guerra 1936/39”. Pocos datos que no supiera aparecían en el documento: año del reemplazo, nombre de los padres, estado civil, oficio y fecha de nacimiento. El mozo número 3 de su reemplazo entró en caja el día 1 de agosto de 1933 y se le entregó la cartilla militar cuatro días después. El resto de la cartulina está en blanco, no constan alegaciones, ni destinos, tampoco que pasara alguna vez la revista militar. Sólo un dato me llamó la atención: su estado civil era “casado”.
Visto que en los archivos municipales no hallé más documentos sobre Florián y que la investigación se había estancado, recurrí al archivo militar de Guadalajara, desde donde me enviaron fotocopias del certificado médico y de talla, de vacunación y de alegación, un “duplicado de la invitación personal” y la filiación completa de Florián, cuyos detalles más significativos copio aquí: de profesión u oficio jornalero, no sabe leer ni escribir, su estado soltero, su estatura 1.650 centímetros, su perímetro torácico 80 centímetros.
Sus señas: pelo castaño, cejas al pelo, ojos melados, nariz regular, barba poca, boca regular, color sano, frente ancha, aire marcial; señas particulares: cicatriz en el lóbulo de la oreja izquierda.
El 19 de febrero de 1933, fecha en que lo filiaron y tallaron en Torrecampo, el mozo Florián estaba soltero; en agosto de ese mismo año, cuando entra en caja y se le entrega la cartilla militar, a Florián se le registra como casado. No hay constancia del casamiento de Florián con Cándida Romero ni en los libros del juzgado ni en los de la parroquia, así que podemos aventurar un matrimonio de hecho, sin papeles: sólo el amor y el compromiso entre la pareja. Otra posibilidad, aún por investigar, es que el matrimonio se realizara en el pueblo donde había nacido Cándida, Villaviciosa de Córdoba. Surge así una referencia por comprobar: qué día y mes, entre febrero y julio de 1933, la pareja decidió hacer oficial su compromiso. ¿Sería en la hermosa primavera serreña de Villaviciosa, quizá el mismo 4 de mayo, cuando Florián cumplió los 21 años?
A la vista de esta documentación militar, hay otros hechos que merecen unas líneas. El primero es la constatación de que a los 21 años Florián no sabía leer ni escribir. Dan fe de ello las firmas que rubrican todos sus papeles militares: en ninguno aparece la suya, sino la de otros quintos suyos, a ruego del interesado: Modesto Rísquez, Sebastián Herrero, Emiliano Márquez y Miguel Romero. El segundo hecho es que la dirección de Florián en febrero de 1933 está en la calle Galán y García Hernández, los famosos militares republicanos de Jaca. ¿Cambió de nombre la calle Nueva en que había nacido? En su momento aclararé este punto.
Tampoco aparece en estos papeles el destino del soldado. Lo único constatable es que debió permanecer en la zona levantina y que firmó con el ejército un compromiso “por el tiempo de diez y ocho años”. ¿Tanto duraba la mili en aquellos años, o estamos ante un contrato como soldado profesional?
Lo más probable es que el de Cartagena fuese su primer viaje más allá de la raya de la provincia. El servicio militar era la primera gran experiencia: los mozos volvían ya hombres, habían conocido el mundo. Una vez en el pueblo, buscar una buena mujer, tener hijos trabajadores y dejar correr el tiempo. Ese era el horizonte. La cadena de la vida.
Pero a Florián se le metió una guerra por medio, y luego otra —¿o era la misma?— y no pudo volver a ver las encinas entre las nieblas del otoño ni las jaras en flor.
Las tres fotografías que por ahora he visto de Florián me las dejó su sobrina Toribia. La primera la trajo a casa al día siguiente de nuestra primera entrevista, y me prometió dejarme otras dos más que tendría que encontrar, una de ellas del único hijo de Florián, llamado igual que él.
Hasta ese momento sólo tenía un nombre, unos hechos, unas fechas, pero ningún detalle que me permitiera componer, o suponer, el rostro y la figura del personaje. Guardé copia de aquellas imágenes en el ordenador, pero los duendes de los bits hicieron su trabajo y el archivo desapareció, con el agravante de que no había tenido la precaución de imprimirlas. Hasta el otoño pasado no pude disponer otra vez de las fotografías, aprovechando una visita de la señora Toribia, que esta vez me dejó una nueva fotografía de Florián en Francia.
Además de las partidas de nacimiento y bautismo, en los archivos municipales de Torrecampo encontré la ficha de reclutamiento de Florián y varios documentos en los que constaba su condición de “huido en Francia”.
En la ficha de reclutamiento aparecen anotaciones imprecisas y de distinta mano. En el rincón superior izquierdo, en perpendicular y subrayado, alguien anotó “Nueva 22”, la dirección de la casa familiar. Aprovechando el margen superior, otra mano apuntó “falleció en guerra 1936/39”. Pocos datos que no supiera aparecían en el documento: año del reemplazo, nombre de los padres, estado civil, oficio y fecha de nacimiento. El mozo número 3 de su reemplazo entró en caja el día 1 de agosto de 1933 y se le entregó la cartilla militar cuatro días después. El resto de la cartulina está en blanco, no constan alegaciones, ni destinos, tampoco que pasara alguna vez la revista militar. Sólo un dato me llamó la atención: su estado civil era “casado”.
Visto que en los archivos municipales no hallé más documentos sobre Florián y que la investigación se había estancado, recurrí al archivo militar de Guadalajara, desde donde me enviaron fotocopias del certificado médico y de talla, de vacunación y de alegación, un “duplicado de la invitación personal” y la filiación completa de Florián, cuyos detalles más significativos copio aquí: de profesión u oficio jornalero, no sabe leer ni escribir, su estado soltero, su estatura 1.650 centímetros, su perímetro torácico 80 centímetros.
Sus señas: pelo castaño, cejas al pelo, ojos melados, nariz regular, barba poca, boca regular, color sano, frente ancha, aire marcial; señas particulares: cicatriz en el lóbulo de la oreja izquierda.
El 19 de febrero de 1933, fecha en que lo filiaron y tallaron en Torrecampo, el mozo Florián estaba soltero; en agosto de ese mismo año, cuando entra en caja y se le entrega la cartilla militar, a Florián se le registra como casado. No hay constancia del casamiento de Florián con Cándida Romero ni en los libros del juzgado ni en los de la parroquia, así que podemos aventurar un matrimonio de hecho, sin papeles: sólo el amor y el compromiso entre la pareja. Otra posibilidad, aún por investigar, es que el matrimonio se realizara en el pueblo donde había nacido Cándida, Villaviciosa de Córdoba. Surge así una referencia por comprobar: qué día y mes, entre febrero y julio de 1933, la pareja decidió hacer oficial su compromiso. ¿Sería en la hermosa primavera serreña de Villaviciosa, quizá el mismo 4 de mayo, cuando Florián cumplió los 21 años?
A la vista de esta documentación militar, hay otros hechos que merecen unas líneas. El primero es la constatación de que a los 21 años Florián no sabía leer ni escribir. Dan fe de ello las firmas que rubrican todos sus papeles militares: en ninguno aparece la suya, sino la de otros quintos suyos, a ruego del interesado: Modesto Rísquez, Sebastián Herrero, Emiliano Márquez y Miguel Romero. El segundo hecho es que la dirección de Florián en febrero de 1933 está en la calle Galán y García Hernández, los famosos militares republicanos de Jaca. ¿Cambió de nombre la calle Nueva en que había nacido? En su momento aclararé este punto.
Tampoco aparece en estos papeles el destino del soldado. Lo único constatable es que debió permanecer en la zona levantina y que firmó con el ejército un compromiso “por el tiempo de diez y ocho años”. ¿Tanto duraba la mili en aquellos años, o estamos ante un contrato como soldado profesional?



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