El 4 de septiembre de 1936, Manuel Azaña nombra Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra a Francisco Largo Caballero, destacado socialista y dirigente de la UGT, cuyo primer gabinete ministerial, con mayoría del PSOE, integra también a miembros de las distintas formaciones de izquierda coaligadas en el Frente Popular: PCE, Izquierda Republicana, ERC, Unión Republicana y PNV.
Dos meses más tarde, 4 de noviembre, Largo Caballero da un paso más hacia el establecimiento de un estado revolucionario —en colaboración con los comunistas, los trotskistas del POUM y las milicias anarquistas— y nombra ministros de Justicia y de Comercio a los anarquistas Juan García Oliver y Juan López Sánchez. En posteriores remodelaciones también asumirán cartera ministerial los cenetistas Federica Montseny, Joan Peiró y Segundo Blanco.
A partir de octubre del 36, el gobierno había acometido la imprescindible tarea de reorganizar el ejército republicano, adoptando, entre otras medidas, la creación del Ministerio de Defensa Nacional y del Ejército Popular, el paso de los oficiales de milicias al ejército profesional, la movilización de las quintas de 1932 a 1935 y la desaparición de las milicias armadas de los partidos y sindicatos. Se crea también la figura del comisario político.
Como ministro de Justicia, García Oliver fue el artífice de medidas como la que permitía la autodefensa en los juicios, la eliminación de los antecedentes penales por delitos anteriores a julio del 36, la creación de campos de trabajo para los presos rebeldes y la amnistía total de enero de 1937. En su libro de memorias El eco de los pasos, imprescindible en la historia del anarquismo español, García Oliver da cuenta de la puesta en marcha de uno de sus proyectos más importantes, la niña de sus ojos, en opinión de más de un experto: las Escuelas Populares de Guerra.
El proyecto inicial —la creación de formaciones paramilitares capaces de enfrentarse al ejército—, defendido por García Oliver en el IV congreso nacional de la CNT, celebrado en Zaragoza en los primeros días de mayo de 1936, fue rechazado entonces. Meses después, la situación ha cambiado: el golpe de Estado rebelde ha provocado una guerra civil, mandos y tropa del ejército y de los cuerpos de seguridad han salido en desbandada, hay deserciones masivas, se rompen las cadenas de mando y en pocas semanas el ejército rebelde ocupa media España. En septiembre de 1936, son zona republicana la costa de Málaga y gran parte de Granada, Almería y toda la costa mediterránea hasta Gerona, Castilla-La Mancha, Vizcaya, Cantabria y buena parte de Asturias. Se impone una reestructuración del ejército y una reconducción de la defensa republicana.
Recuerda García Oliver que la iniciativa gubernamental surgió en una conversación mantenida con el comandante Guarner y el teniente coronel Escobar sobre la marcha de la guerra en el frente de Aragón y en la retaguardia. El ministro anarquista lanzó el órdago: “era posible fabricar mandos militares”. Y la rechazada propuesta presentada por el sindicato Fabril y Textil en el congreso de Zaragoza empezó a tomar cuerpo desde ese mismo momento. Tenía nombre, Escuela Popular de Guerra, y función: academia general para la formación de oficiales del ejército de tierra.
Los edificios adecuados —patios grandes, salas espaciosas, dormitorios amplios, cocina y comedores— existían: cuarteles, por ejemplo, o colegios con internado, como el de los jesuitas en Barcelona. Estas escuelas militares cubrirían los distintos cuerpos del ejército: infantería, caballería, artillería, intendencia, transmisiones, ingenieros. Como profesores, García Oliver optó, en principio, por los jefes y oficiales tibios con la causa republicana, y sus razones tenía: “Los jefes y oficiales leales los queremos en el frente, a los sospechosos los prefiero en la retaguardia, donde se les puede vigilar y evitar el tener que fusilarlos.”
Los alumnos serían hombres jóvenes comprometidos con la causa, por ello se les exigiría un aval de la organización sindical o partido al que perteneciera; tendrían derecho a alimento, vestido, equipo, estudios y cama gratis, y el sueldo de un miliciano; la disciplina sería rígida, pero el trabajo comprensivo y humano; el único castigo era la expulsión; superado el examen al cabo de tres meses, saldrían como tenientes con mando en campaña.
Tras la orden aparecida el 25 de noviembre de 1936 en la Gaceta de la República, se crearon las escuelas populares de guerra de Barcelona, Porta Coeli y Godella (Valencia), Paterna y Lorca (Murcia), Gijón y Bilbao. Se calcula que de ellas salieron unos 13.000 oficiales.
En una de ellas encontramos a Florián, en la número 2, establecida en el cuartel Sancho Dávila, de Lorca. El acuartelamiento, inaugurado en 1924, llevaba cinco años cerrado y abandonado, y fue ocupado en octubre de 1936 por un regimiento mixto de Artillería, que emprendió la rehabilitación de las dependencias con la ayuda solidaria de los vecinos de Lorca. Su primera promoción de oficiales desfiló por La Corredera lorquina en marzo de 1937. Hay testimonio gráfico.
Desde Lorca envió Florián a sus padres la segunda fotografía que conservamos, una foto de estudio en cuyo reverso puede leerse: “Lorca, 15 de enero de 1937. Queridos padres: ahí les envío esta fotografía para que me vean y además sirva de recuerdo de Lorca. Este su hijo, salud y suerte, Florián.” Ha cambiado el uniforme del soldado, también la expresión de su rostro. En los cuatro años transcurridos desde la primera fotografía, la sonrisa y la mirada esperanzada del recluta se ha trocado en seriedad. Ha cambiado el fondo, no el del estudio fotográfico, tan artístico e irreal como en la primera, sino el del país, que lleva ya seis meses en guerra.
Hace unos meses recibí copias de documentos sobre la Escuela Popular de Artillería de Lorca, que había solicitado al archivo militar de Ávila. El primero era la portada de una carpeta que, bajo el epígrafe “Documentación Roja”, incluía un índice de los documentos contenidos en ella: órdenes de la escuela, de junio a diciembre de 1937 y de enero de 1938, programas de estudios, actas de exámenes, gráficos con las fechas de salida de las promociones, informes académicos, pruebas psicotécnicas de los alumnos y 20 fotografías de diversos departamentos de la escuela. Los otros dos documentos eran copia de las órdenes de los días 4 y 18 de julio de 1937, en las que el artillero de segunda, Florián Andújar García, figura de servicio de guardia en los depósitos de gasolina.
A la vista de estos documentos y de la fecha de la fotografía, podemos concluir que Florián no fue alumno de la academia militar de Lorca, sino que prestaba servicio en la misma, seguramente por pertenecer al batallón de Artillería que en octubre llegó al acuartelamiento Sancho Dávila para rehabilitar el edificio y organizar materialmente la escuela.
Ilustraciones:
Imagen de Juan García Oliver: http://madrid.cnt.es/historia/la-cnt-en-el-gobierno/
Imagen del cuartel Sancho Dávila: http://www.youtube.com/watch?v=Y1TyB2lPocc







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