miércoles, 11 de octubre de 2017

Λάμβδα, 4


Ulula el viento en mar abierto y suenan unos teclados que evocan un canto de gaviotas en vuelo. Entra una voz de barítono, grave, acordada al piano y luego a la guitarra, una voz que canta exhortativa al navegante, al viajero, y lo invita a gozar de la andadura, del trayecto, en el que podrá acumular tanta más experiencia y sabiduría cuanto más largo sea el periplo. La vieja metáfora del viaje como recorrido al conocimiento de uno mismo y del mundo, como madurez ante la realidad.

Quan surts per fer el viatge cap a Ítaca,
has de pregar que el camí sigui llarg,
ple d'aventures, ple de coneixences.
Has de pregar que el camí sigui llarg,
que siguin moltes les matinades
que entraràs en un port que els teus ulls ignoraven,
i vagis a ciutats per aprendre dels que saben.

         La voz deja paso a unas líricas flautas que continúan la melodía con el acompañamiento de la guitarra y el piano.
          Cuando entra de nuevo la voz, el bajo eléctrico marca el tempo y de vez en cuando hace un breve fraseo. Prosigue el exhortativo con una variación sobre la duración del viaje, que cobra sentido existencial: sé fiel a tus principios, a tus sueños. La vida es lo que tenemos: disfrútala tranquilamente —la calma de los atardeceres de verano, el recogimiento de la lluvia en invierno, las doradas y melancólicas luces del otoño, la explosión de aromas y colores de la primavera, el dulce abandono a los besos y a las caricias, la luz y los bosques de países remotos, otros horizontes, otras gentes, el misterioso acento de otros idiomas—, gózala con serenidad, en sosiego el espíritu cada día. Esa será tu riqueza, ese es el mejor tesoro que guarda la vida, pero no te precipites en su búsqueda, no quieras apurar el ánfora en un único, descabellado trago.

Tingues sempre al cor la idea d'Ítaca.
Has d'arribar-hi, és el teu destí,
però no forcis gens la travessia.
És preferible que duri molts anys,
que siguis vell quan fondegis l'illa,
ric de tot el que hauràs guanyat fent el camí,
sense esperar que et doni més riqueses.

        Precedidas por la batería, vuelven las flautas, los vientos ululantes, las gaviotas y puntea breve la guitarra.
    Los cinco últimos versos repiten y explican la melodía y la metáfora iniciales. Ítaca es la construcción personal del saber, del placer del conocimiento, del gusto de vivir. Ítaca no es el final de todo, sino el comienzo de otra etapa de la vida. Literariamente, en su contexto homérico, Ítaca es el regreso, la restauración del orden y la justicia, el descanso del guerrero en su madurez.

Ítaca t'ha donat el bell viatge,
sense ella no hauries sortit.
I si la trobes pobra, no és que Ítaca
t'hagi enganyat. Savi, com bé t'has fet,
sabràs el que volen dir les Ítaques.

        Reaparecen las melódicas flautas que bajan hasta el silencio. La canción parece acabar. Quisieras, como con los buenos libros, más páginas, más canto.
        Y así ocurre. In crescendo irrumpen sorpresivamente cuerdas, percusión (platos, timbales), piano y teclado eléctrico. Sobre ese fondo vuelves a oír las gaviotas y un efecto solemne y sugerente de los teclados, como si sobrevolaras el viejo mar homérico.
        Conmovedores los versos de Cavafis, la invitación al viaje, a una manera nueva de entender tu propia vida, a liberarte de angustias y entregarte valiente a lo que viniera. Tu vida, desde la mañana siguiente, iba a cambiar, no de modo espectacular, pero sí emocional, éticamente: disfrutar de tus veinte años, de tus amigos, de la ciudad que aún te quedaba por descubrir. Nadie en adelante viviría por ti.
          Abriendo la segunda parte, trompas de resonancias épicas anuncian el motivo melódico.
        Luego la voz y el bajo marcando el tempo se integran con el resto de instrumentos. El texto ya no es de Cavafis, sino de Carles Riba:

Més lluny, heu d'anar més lluny
dels arbres caiguts que ara us empresonen,
i quan els haureu guanyat
tingueu ben present no aturar-vos.
Més lluny, sempre aneu més lluny,
més lluny de l'avui que ara us encadena.
I quan sereu deslliurats
torneu a començar els nous passos.
Més lluny, sempre molt més lluny,
més lluny del demà que ara ja s'acosta.
I quan creieu que arribeu, sapigueu trobar noves sendes.

        Trompas y violines repiten la melodía.
       Podías relacionar el contenido de esta parte con la canción protesta propia de la época, incluso con algunos versos y metáforas de L’Estaca, pero tú escuchabas en ellos una invitación a la superación personal, al inconformismo, a la búsqueda incesante de ti mismo, a aventurarte siempre más allá, a viajar, a navegar, a caminar sin miedo. En definitiva, a vivir.
       Reaparecen  in crescendo las trompas y las cuerdas, unos coros, el teclado y la percusión, hasta que te sorprende un solo de guitarra eléctrica , un poco a lo hawaiano la segunda vez, ejecutado quizá con un slide —uno de esos tubos de metal ajustado al dedo meñique o al anular y que produce un efecto característico—, que repite, con ligerísimas variaciones la melodía anterior hasta llegar a un silencio interrumpido por una apoteosis de coros, timbales, teclados, guitarra, piano y otros sonidos irreconocibles.
        La parte final abre con unos acordes de piano, el bajo y la guitarra, rítmica y punteadora.
     El poema final es una despedida, un adiós en el puerto a los que se embarcan, un deseo de  afortunada navegación y feliz regreso.
       Cuando calla la voz, un breve solo de flauta a lo Jethro Tull. Luego, en solemne culminación final, percusión, metales, teclados, hasta acabar en unas olas que baten la arena. Te imaginas la arribada, la llegada a tierra, a la rocosa Ítaca, la que se ve de lejos.
    Nunca entendiste la tercera parte como himno separatista, como elogio de los aguerridos independentistas, de los terralliuristes, por ejemplo, de aquellos que defendían su catalanidad por encima de sus vidas y las de otros. No creías, y no quieres creerlo aún, que Lluis Llach y Carles Riba pensaran en ellos, a pesar del autonomismo y de la «España de los pueblos» que trajeron los aires liberadores de la Transición. Tú mismo padeciste, hacia los 20, y hasta los 25, unas ligeras fiebres nacionalistas andaluzas que remitieron cuando comprendiste que los nacionalismos separaban y que las fronteras sobraban.

Bon viatge per als guerrers
que al seu poble són fidels,
afavoreixi el Déu dels vents
el velam del seu vaixell,
i malgrat llur vell combat
tinguin plaer dels cossos més amants.
Omplin xarxes de volguts estels
plens de ventures, plens de coneixences.
Bon viatge per als guerrers
si al seu poble són fidels,
el velam del seu vaixell
afavoreixi el Déu dels vents,
i malgrat llur vell combat
l'amor ompli el seu cos generós,
trobin els camins dels vells anhels,
plens de ventures, plens de coneixences.

       No acababas de entender la presencia de los guerreros en la tercera parte. Eran guerreros y un poco pescadores: fieles a su patria, hacían el amor y llenaban sus redes de anheladas estrellas. Reaparecía el motivo temático de la vida como un viaje en el que aprender y gozar —plens de ventures, plens de conixences—, pero se introducía uno nuevo —i malgrat llur vell combat— que solo podía entender en el contexto de la mítica guerra de Troya, referido a Ulises, símbolo por excelencia del amor por la patria. El guerrero Ulises, tras diez años frente a los muros de Ilión, dilata otros diez su regreso a Ítaca. No olvida su patria ni a su esposa (els guerrers que al seu poble són fidels), pero tiene amores con la hermosísima Calipso, con la maga Circe, y porque no quiso con la joven Nausícaa, que se le hubiera entregado gustosa (tinguin plaer dels cossos més amants). Su carácter decidido y su voluntad de superar experiencias y conocer lugares inalcanzables para el común de los mortales lo llevan a oír a las sirenas sin sucumbir a sus encantos, a salir indemne de Escila y de Caribdis, a visitar el reino de las sombras y hablar con el alma de su madre (ple d'aventures, ple de coneixences). ¿Eran esos deseos de experiencias, los sueños de Ulises, las volguts estels que canta Lluis Llach?
       Sí, 15 minutos gozosos, conmovedores, revulsivos, en aquella habitación abuhardillada de Maese Luis, acurrucado bajo las sábanas y con el transistor pegado a la oreja.






Escuchar Viatge a Itaca.

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