viernes, 13 de abril de 2018

Ξῖ (1)


La estructura argumental del episodio 14 es muy sencilla, básica, de manual, como se dice: tripartita en πρόθεσις, διήγησις y ἐπίλογος, o exposición, nudo y desenlace. Las cuarentaidós páginas y media de que consta el capítulo se reparten así el contenido: 3,5 páginas para la exposición (llegada de Bloom al Hospital Nacional de Maternidad para interesarse por la señora Purefoy, que lleva tres días de parto); 33,5 páginas para el desarrollo (permanencia de Bloom en la sala de espera del hospital con otros personajes y anuncio del nacimiento de la criatura); y 5,5 para el desenlace (salida del grupo del hospital, entrada en una taberna y posterior marcha hacia el barrio rojo de la ciudad).
El exordio o parte inicial lo conforman a su vez dos partes. La primera es un conciso introito de seis líneas compuesto por tres breves frases —una exhortación con la forma imperativa en latín (Eamus): Vayamos a la calle Holles; una invocación a Horhorn, deidad lumínica y fertilizante: Envíanos, tú luminoso, tú claro, Horhorn, fecundación y fruto del vientre; y una gozosa exclamación por el nacimiento de un niño: ¡Aúpa, es niñoniño, aúpa—, cada una de las cuales se repite ritualmente tres veces. En la calle Holles se alza el Hospital Nacional de Maternidad de Dublín; la deidad invocada es en realidad el doctor Andrew J. Horne, director de la institución; el niño nacido, evidentemente, es el de la señora Purefoy. Con estos tres elementos, Joyce establece la ἕυρεσισ, el asunto principal del episodio: la capacidad reproductiva de las mujeres.
La segunda parte de la introducción comienza con una parrafada que pronto alerta al lector pues va dejando sin oxígeno su cerebro y su intelecto sin comprender ni retener todo lo que va leyendo por un exceso de información y por falta de signos de puntuación indicadores de las necesarias pausas respiratorias o señaladoras de concordancias y correspondencias lingüísticas tendentes a mejorar la cabal comprensión y retención del delirante discurso contenido en 30 líneas textuales que incluyen una prolongada oración enunciativa seguida de una sinuosa y extenuante interrogación de muy problemática respuesta dado que se ha entrado en un molesto y agotador proceso de lectura y olvido inmediato o de lectura improductiva al ir comprendiendo el significado de las palabras pero no ir reteniendo todos los significados acumulados lo cual produce una sensación de “mareo intelectual” al que ayuda también el uso de un léxico latinizante (acumen, sapiencia, proliferante, benefacción, omnipolente, lutulenta, inverecundos, propagativa).
Pausa en la lectura. De qué habla exactamente el narrador, por qué este disparatado discurso, se mosquea el lector, que a estas alturas, con la vista puesta ya en el final de la novela, pensaba superadas todas las dificultades de comprensión textual. ¿Seré yo, que ando rebelde ya con Joyce y soporto mal sus juegos? ¿Que me falta la debida concentración? ¿Serán las lluvias y los vientos primaverales, que me tienen el seso un poco trastornado? ¿Será que he llegado a mi límite y ya no tolero ningún reto intelectual?
Prosigue la lectura. Los párrafos siguientes vuelven a la cordura sintáctica y temática —el narrador alaba el sistema sanitario de los celtas, especialmente su ejemplar interés por la obstetricia; el señor Bloom llega a la puerta del hospital, que dispone de setenta camas y es atendido por religiosas bajo la dirección del señor Horne; un relámpago ilumina el anochecer de Dublín en el momento en que Bloom entra en el hospital; reconoce a la enfermera, le pregunta por un tal doctor O’Hare, ya muerto, y por la señora Purefoy  —, ha cambiado también el estilo, más perifrástico a partir de ahora, y más cambiante de párrafo a párrafo.


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