lunes, 19 de noviembre de 2012

Palabras, palabros y descalabros (2)


        Eran las diez de la noche pasadas. Volvía del trabajo y conducía despacio bajo la lluvia. El programa de la radio estaba dedicado a la transformación del hospital de la Princesa de Madrid en centro geriátrico. Disparate, error, sinsentido. Así calificaban la decisión una enfermera, un paciente y los tres médicos que hablaron. 
           ¿Acabará en manos privadas este hospital público? Otros ya lo han hecho. Como también lo hicieron la empresa pública de los aviones y la de los teléfonos. 
          Privatizar es un negocio estupendo para el empresario. So capa de la inviabilidad económica, y por decreto ley, don fulanito de tal y tal se queda, pongamos por caso, con un hospital puntero bien organizado y a pleno rendimiento. El fulano no se ha gastado un duro en comprar terrenos y pagar arquitectos, levantar el edificio, dotarlo de medios y ponerlo en funcionamiento. Ese gasto ha corrido a cuenta de los pecheros, que por eso tienen el derecho de usarlo y beneficiarse de él... hasta el día de entrada en vigor del antedicho decreto ley. 
       La palabra privatizar es prima hermana de privar, su sangre común viene del privus con que los romanos designaban lo particular, lo propio, lo peculiar. Quien privatiza, priva, desposee a alguien de lo que tenía. Y una palabra me fue llevando a la otra. Privar es despojar, y cuando se despoja a alguien de lo que tiene, comete expolio, es decir, arrebata con violencia o con iniquidad. Y la iniquidad no deja de ser una maldad, una grande injusticia. 
        Se enhilan las palabras y terminan dejándolo a uno ante un acto manifiestamente contrario a la justicia, ante un delito. ¿Cómo se entiende, si no, que algo que pertenece a todos —porque entre todos lo costeamos—, pase de pronto y por arte de birlibirloque a manos de un particular? ¿No es delito, delito de estado, desmantelar lo que un país ha ido levantando en años para uso y beneficio de todos? ¿No es un delito privar por ley —de ahí viene el privilegio (privus + lex)— a la ciudadanía de lo suyo y entregárselo a un empresario amiguete para que se forre y se pudra en dinero?

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