domingo, 5 de abril de 2020

Rito


Tendría que estar entre los libros de Paul Auster y el de Francisco Ayala, pero no aparece por ninguna parte. Otro libro perdido, me lamento, aunque procuro consolarme pensando que a lo mejor está en buenas manos que le quitan el polvo, lo abren de vez en cuando y leen algunas páginas. Un libro de formato pequeño, impreso en tipos como los de las máquinas de escribir, publicado por Ediciones Demófilo, que seguramente compré en la librería El Juglar, de Córdoba. Me gustaba el diseño de aquel librito y el lenguaje coloquial, con asomos surrealistas y absurdos, en que estaba escrito: Canciones y poemas, de Luis Eduardo Aute.
En vista de que el libro ha desaparecido de mi biblioteca, busco en los estantes inferiores de la cómoda Mondrián, donde guardo algunos de mis discos de vinilo, con el temor de que el que busco también haya volado, pero no, ahí está, entre el Harvest, de Neil Young y las Canciones de amor y celda, de Amancio Prada. Hace ya muchos años que no tenemos tocadiscos en casa, pero me niego a deshacerme de los discos. Me educaron tanto como los libros y las películas. Uno es también las músicas que ha escuchado.
            A falta de tocadiscos, he acudido a Youtube, me he sentado en el sillón de leer y he abierto el disco para ir siguiendo la letra de las 15 canciones de Rito, el primer disco que tuve de Aute.



Algunas de esas «canciones de amor y muerte» —tal era el subtítulo del disco, publicado en 1973, cuando yo tenía 17 años— eran pesimistas y negras, de velas apagadas y ceniceros llenos de colillas, plenas de vacíos y de nadas que se unen, de imprecaciones a la muerte, que uno, por edad, por inexperiencia, por pura exaltación juvenil, ni comprendía del todo ni compartía para nada. Pero otras pueden considerarse rasgos de identidad generacional, y emocional, como Las cuatro y diez, De alguna manera, el Autotango del cantautor o Cuéntame una tontería, con su falta de lógica y su humor. Canciones de entrega total al vivir en pasión, que hablaban de situaciones vitales y experiencias amorosas aún no vividas por mí, virgen entonces de amor y de sexo compartido, pero que ya, y hasta el día de hoy, sentía mías.
            In memoriam.

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