miércoles, 25 de enero de 2023

25 A la luz

 A la luz limpia de la mañana de enero, silba un tordo solitario en el caballete del tejado vecino. Pronto acuden a su llamada tenores y barítonos de la vecindad, maduras divas de huertos recoletos, esbeltos gorriones, que mezclan sus voces y llenan el momento con una improvisada y gozosa y bellísima sonata…. Hasta que algo invisible enmudece sus gargantas, baten alas, alzan súbito el vuelo y se pierden en bandadas entre el azul frío de la mañana…


miércoles, 18 de enero de 2023

24 Entre la niebla

Paseando la mañana por caminos entre la niebla, recordé al hombre del poema de Baudelaire que recorre el templo de la Naturaleza reconociendo símbolos y correspondencias entre olores, colores y sonidos. Materia y espíritu, realidad y ensueño se explican uno a otro, se iluminan mutuamente.

La niebla circunscribe el alrededor más inmediato de las cosas ‒un árbol, una casa, nosotros mismos en medio de un camino‒, las aísla como si más allá de sus confusos límites solamente existiera niebla y más niebla. De ahí la incertidumbre con que nos adentramos en ella, ese cierto recelo en nuestro seguir avanzando, esa desconfianza por si se nos mete dentro y todo se nos hace bruma, calígine, imprecisión.


viernes, 13 de enero de 2023

23 Camino de las Huertas

A las ocho de la mañana la luna llena luce hermosa en el cielo azulón del amanecer: un luciente disco amarillo, aunque no calienta ni crea sombras en la dehesa.

Al otro lado del mundo, con delicados lilas y naranjas, se anuncia el sol naciente: poco a poco va fraguando el oro en la copa de las encinas; su cálido beso baja tibiamente por el tronco y le saca los colores a la tierra, adormecidos bajo el manto de la helada: el ocre del camino, el verde del musgo, el gris manchado de las piedras, el verde de juncos y retamas, del hinojo, de los olivos y acacias en las huertas. En la lejanía se recortan las sierras.

Mientras sube el sol en un azul ya terso y profundo hasta la infinitud, Selene, cada instante más pálida, va disolviéndose, esfumándose, cayendo tras el horizonte en su carro de plata. 


domingo, 8 de enero de 2023

22 Las rosas del alba

 Las rosas del alba perfilan las crestas de la sierra… La luz se hace oro con temblor de brisas en las hojas de los álamos. Gorriones en bandada buscan grano entre la mies segada. Tórtolas y golondrinas vuelan sobre los campos dorados.

Las encinas beben luz.


miércoles, 4 de enero de 2023

21 Paso a paso

Paso a paso te acercas a la luz ‒delicado fulgor, anaranjada claridad‒ entrevista más allá de los jóvenes chaparros que bordean el camino.

Al coronar un recodo en suave pendiente se abre el hermoso panorama, el amanecer de la dehesa, el inmenso bosque bajo un azul rayado por las estelas de los aviones.

Lento madura el tiempo en la copa de las encinas.


miércoles, 28 de diciembre de 2022

20 Tarda en morir

Tarda en morir la luz. Se resiste el día a perder los colores: el ocre de los pastos secos, las gamas del azul entre las sierras y el cielo, los verdes de las higueras, los granados y los olivos; las hojas blanquecinas, translúcidas, de las avenas locas.

Un lento apagarse hasta que aparecen las primeras estrellas para darle confianza al día, a la luz que se extingue, como diciéndoles que no se preocupen, que ahora ellas, las estrellas, derramarán su luz sobre los campos, y estos lucirán hermosos durante la noche.

 

sábado, 24 de diciembre de 2022

Pastoral (Esparragal, 24 de diciembre de 1959)

 A mi hermana Ángela

Por la mañana, el niño y su hermana han arrancado algunas matitas de hierba que crecen entre las piedras de la calle para ponerlas como verduras en el huerto y entre las peñas sobre las que se alza el castillo. Con un cascarón de huevo untado de pegamento y cubierto de paja, la madre ha hecho un almiar, sobre el que ha apoyado una escalera hecha con palillos de dientes. Con retales de colores, ha recortado también siluetas de camisas, pantalones, sábanas, y las ha pegado a un hilo como si estuvieran secándose al aire en el tendedero, otras las ha extendido sobre el musgo junto al papel de plata del río en el que nada una familia de patos. Al otro lado del puente, una casa de corcho con el tejado blanco y un pozo junto a la puerta, con su brocal, su polea y su cubeta, y unas cuantas gallinas con sus patas de alambre como picoteando la tierra. Arriba, en la montaña, ovejas, cabras y conejos. Los soldados, enormes, firmes con su lanza, su casco y su escudo, guardando la entrada de un castillo casi oculto por unas ramas de olivo; el pastor dormido de lado junto al fuego, sus compañeros comiendo migas, el ángel alado en el árbol de barro, el panadero en su horno, el carpintero con su sierra, la posada, el establo, el buey tumbado y la mula, el pesebre, la Virgen y San José, los reyes y sus pajes, el pastor con un cordero sobre los hombros, otro con un cesto de frutas a la cabeza, la mujer de túnica azul y toca blanca con una bandeja de dulces apoyada en la cadera, la tejedora con el huso y la devanadera, la borriquilla con dos haces de leña sobre sus lomos.

Ya ha caído la noche. Cuando están cenando llaman a la puerta. La madre sale a abrir y vuelve sonriente. Detrás de ella un grupo de diez o doce muchachos. Llevan chalecos de piel, de lana, de tela negra, sombreros de paja, gorras, cada uno con un instrumento, zambombas de varios tamaños, carracas y panderetas adornadas con cintas de colores. Forman semicírculo y sale al centro Sanchicos, un muchacho de catorce o quince años, que marca el ritmo con los brazos, golpeando el suelo con un pie o con otro, saltando, haciendo giros y contorsiones, sonriente, dando entrada a las voces. Almireces, sonajas, panderetas, una botella de anís. Los de la zambomba llevan colgada de la cintura, o en la mano que abraza el instrumento, una lata o una botella con agua para que la palma de la mano, húmeda y escurridiza en su punto, agarre y se deslice a un tiempo por el carrizo y saque el sonido bronco, poderoso, monocorde.

Ajeno aún al mundo religioso, el niño mira fascinado aquella maravilla. No sabe por qué esa noche cenan los cuatro juntos. Por qué papá y mamá tan sonrientes. Por qué el mantel de tela y dos velas encendidas en la mesa. Por qué tan alegre algarabía a esas horas, aquellas canciones, aquel danzar, aquella música que invitaba al gozo y a la celebración.