sábado, 2 de agosto de 2008

20 de septiembre

He sacado de la jardinera una nueva planta que paso a describir y luego prensaré. El ejemplar tiene una longitud de 35 centímetros desde la punta de su hoja más desarrollada hasta el extremo de la raíz. Procediendo según la botánica tradicional, me detendré en sus tres partes principales, a saber: hojas, tallo y raíz.
Las hojas se desarrollan notablemente. Dos de ellas constituyen una prolongación del tallo, presentando diferencias remarcables de longitud y madurez entre sí. Las cuatro grandes presentan peculiaridades individuales en longitud, forma, textura, color y disposición de las nervaduras. La primera mide 15 centímetros y en su punta es la más redondeada, aunque no deja de apreciarse un minúsculo ápice puntiagudo. Por el envés, de un verde claro, se aprecia la disposición y robustez de la nervadura, que comienza con una sección semicircular de 3 milímetros de radio y va adelgazándose hacia el ápice del extremo, cuyo grosor habría que medir en micras si quisiéramos ser rigurosos, pero que nos conformaremos con igualar a cualquiera de estos finos cabellos míos que pierdo poco a poco.
La nervadura, seguimos en el envés, sobresale prácticamente toda de la superficie de la hoja, como una vena en relieve, comienza blanca junto al tallo y termina casi confundida con el verde apical; describe una alongada doble curva, hacia un lado y luego como queriéndose enderezar. De ella salen once nervaduras once, cinco hacia un lado y seis hacia otro. Estas nervaduras secundarias corren paralelas, a una distancia entre sí de 1cm en la derecha y 1,5 cm en la izquierda. No salen del mismo lugar del tallo, sino de puntos alternos. Las dos primeras ramificaciones rompen esta simetría de candelabro pues no discurren paralelas a sus consecutivas. De estos once nervios, todos, excepto cuatro, se bifurcan a su vez en dos, nervios secundarios bífidos, al acercarse al borde de la hoja.
Tendría que seguir aquí la pormenorización positivista del ejemplar, pero se me acaba la luz natural y no quiero caer en errores de bulto, por lo que interrumpo para continuar mañana temprano. Son las 20,18 horas del día 20 de septiembre de 2006. El sol deja su rosicler tras las casas y los cipreses que veo desde mi ventana. Hay algunas nubes alargadas de rica luminosidad que va desde el cárdeno al blanco desvaído pasando por el anaranjado, el gris plomo y el azulón. Semejan un mapa en el atlas, con sus continentes, islotes, sus penínsulas y grandes extensiones de inmóvil mar azul.
Desde que comencé la disección de la planta me está llegando su olor. Es la nicotina. El sol ya se ha puesto. Hasta aquí la tarea de hoy.

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